Compartir

Por: Gerardo Moreno Tovar || @tovar_moreno

Siempre tuve un pleito jurado contra las tiendas de abarrotes, esas conocidas como “autoservicios”. Cada vez que iba por mi despensa, me salían con la odiosa respuesta de no darme una bolsa para poder transportarla.

Afortunadamente llevaba el coche y sacar mis productos de consumo básico en el carrito era el último recurso que tenía para llevarlos a casa. Me resultaba terriblemente absurda esa disposición de ya no dar bolsas para la despensa en las tiendas de conveniencia. Y más coraje me daba cuando llegaba a la caja y recordaba que no me había provisto de una bolsa para el mandado ¡¡¡Demonios!!!

Me puse a pensar –eso creo- en la nueva legislación que, al menos en el Estado de Hidalgo, restringe el uso de las bolsas de plástico. La vida cotidiana empieza a tornar a los tiempos de antes; todavía recuerdo la canasta de alambre tejido en la que mamá solía ir a traer huevos a la tienda. Me entretenía mucho abriendo y cerrando los alambres que hacían las veces de la tapa.

Aquí en la provincia, los comerciantes han tomado muy en serio esa disposición gubernamental; ya casi nadie da bolsas de plástico; el recaudo, la carne, el pan, los huevos todo requiere que los ciudadanos llevemos nuestro contenedor o nuestra propia bolsa para que nos despachen. Incluso, las enchiladas, los molotes o los tamales que antes nos envolvían en papel de estraza también requieren el ya conocido “tupper” para surtirnos una orden.

Según esto y el gobierno de esta entidad federativa, al reducir el uso y consumo de bolsas de plástico, se está contribuyendo con la salvaguarda del medio ambiente. Se pretende ya no contaminar con bolsas de plástico y construir un entorno más limpio. Sin embargo, yo me pregunto ¿Qué vamos a hacer con tanto perro callejero y sus heces fecales sobre la banqueta, con las botellas de PET que algunas personas colocan donde se les pega la gana y no precisamente en un contenedor, por lo menos de basura; con los desechos de comida que se quedan ocultos en los parques los domingos por la noche, con los topes que se colocan sobre el pavimento para reducir la velocidad de los vehículos pero que les generan más desgaste y más emisión de Dióxido de Carbono? ¿Qué vamos a hacer con la contaminación auditiva que generan los gritones, cuya labor mercadológica es jalar pasaje para una ruta de transporte, vender tortas, papitas o memelas en los populares corredores gastronómicos afuera de los hospitales, los paraderos de autobuses o las estaciones del metro? ¿Alguna vez se regularán los perifoneos del que anda anunciando el pan, los esquites, las vacantes en las empresas, los pollos rostizados o los tamales? El ruido también contamina.

De nada nos va a servir dejar de usar bolsas de plástico si no nos convencemos que gran parte de la contaminación a nuestro alrededor se genera por la falta de educación que las personas tenemos y por la falta de tácticas viales de obras públicas que creen que los topes son el único recurso para reducir la velocidad de un vehículo automotor.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here