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Alzheimer, una enfermedad silenciosa

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Foto: Internet
Parte 1

Por: Pensante Andante.

Una tarde estaba tomando café, en la mesa de junto había un grupo de mujeres, de alrededor de 50 años, se decían todas amigas, que se contaban sus cuitas, se reían, y hacían bromas de la vida. Una de ellas comentó que ya andaba con el “alemán”, todas se le quedaron viendo muy serias, y le preguntaron que, ¿“desde cuándo”?, ella comenzó a reír a carcajadas y todas las demás, la siguieron. El “alemán”, era nada más y nada menos que la enfermedad del Alzheimer. Ellas siguieron platicando y yo me puse a pensar lo terrible que es la enfermedad, ellas tenían como 50 años y ¿ya presentaban síntomas de Alzheimer?
Desde épocas antiguas, médicos griegos y romanos asociaron la vejez con la demencia. En la actualidad, se conocen las investigaciones del psiquiatra alemán Alois Alzheimer, en noviembre de 1901, atendió a la paciente de nombre Auguste Deter (Augusta D), de 51 años, ella ingresó al hospital de enfermedades mentales de Frankfurt, con un interesante cuadro clínico de cinco años de evolución.

El doctor Alzheimer, realizó un seguimiento de la paciente después de su muerte, pudo observar el cerebro y documentó el caso. Las investigaciones fueron publicadas al año siguiente con el título “Una enfermedad grave característica de la corteza cerebral”. En 1910, el doctor Kraepelin, introduce el nombre del cuadro clínico, como “Enfermedad de Alzheimer”, en el “Manual de Psiquiatría”.

Los síntomas iniciales de la paciente, fueron catalogados como celotipia (celos irracionales) hacia su esposo, posteriormente mostró rápidas y progresivas fallas de memoria, presentaba delirios y alucinaciones auditivas, no encontraba el camino a casa, de vez en cuando decía que “no entendía nada”, se sentía confundida y perdida, se escondía y pensaba que otras personas querían matarla (paranoia) y gritaba sin control por horas, arrastraba objetos, presentaba trastornos de la conducta y un grave trastorno del lenguaje.

En el hospital, sus gestos y expresiones de la cara, eran de “impotencia”, mostraba desorientación en tiempo y espacio, confundía al doctor con un funcionario y pedía disculpas por no haber terminado su trabajo, otras veces, gritaba porque pensaba que el doctor la quería operar, se comportaba en forma apática, estaba confinada en la cama, adoptando una posición fetal, la regresión mental avanzó en forma gradual.

Después de cuatro años y medio de enfermedad, la paciente falleció en abril de 1906, por una septicemia (presencia de bacterias en la sangre, a menudo ocurre con infecciones graves), posterior a úlceras por presión (áreas de piel lesionada por permanecer en una misma posición durante demasiado tiempo, comúnmente se forman donde los huesos están más cerca de la piel, como tobillos, talones y caderas) y neumonía (inflamación de los pulmones, causada por la infección de un virus o una bacteria, que se caracteriza por la presencia de fiebre alta, escalofríos, dolor intenso en el costado, afectando el tórax, tos y expectoración. (Diccionario de la Rea Academia).

Después de su muerte el doctor Alois Alzheimer, pudo observar su cerebro al microscopio, anotó alteraciones en las “neurofibrillas”, encontró que algunas veces el núcleo y citoplasma desaparecían y solo un conjunto de “haces de fibrillas” que sobrevivían a la destrucción de la célula, indicaban el lugar donde había existido una neurona. Alrededor de un cuarto o un tercio de todas las neuronas de la corteza cerebral, mostraban esas alteraciones, esto es, muchas neuronas, especialmente en las capas celulares altas, habían desaparecido completamente.

Después de realizar estudios histológicos, presentó los resultados de su observación anatomoclínica (relación entre la observación clínica de los enfermos y las lesiones anatómicas, que la autopsia descubre después de la muerte), con la descripción de placas seniles, ovillos neurofibriales y cambios arterioescleróticos cerebrales (términos médicos que hay que indagar para entenderlos).

La enfermedad de Alzheimer, también denominada demencia senil de tipo Alzheimer, es una enfermedad neurodegenerativa, donde hay muerte de células nerviosas y se atrofian otras zonas del cerebro, hay una pérdida de memoria inmediata, se altera el pensamiento (deterioro cognitivo) y el comportamiento.
En la enfermedad de Alzheimer se produce una atrofia cerebral progresiva, bilateral y difusa, al producirse la lesión y destrucción de neuronas cerebrales, se altera la región de los lóbulos temporales, afecta neocórtex, sigue con los parietales y frontales. Estas lesiones pueden encontrarse en el cerebro de ancianos sanos, lo que hace la diferencia, es el diagnóstico histopatológico (el estudio de las células y el tejido enfermo bajo un microscopio) esto es, la localización de la lesión y la correlación entre el número y la densidad, con la intensidad de la demencia, en los pacientes.

La causa de la enfermedad de Alzheimer, es desconocida y multicausal, están implicados procesos neurológicos con diversos factores de riesgo, incluyen la predisposición genética (aumenta su frecuencia, si hay parientes de primer grado con la enfermedad), la herencia (entre el 1% y 5% de los casos), más frecuente que se presente en mujeres, aparece en personas mayores de 65 años (el riesgo se duplica cada cinco años). La enfermedad es responsable de entre un 60 – 80 % de los casos de demencia, es incurable y terminal, no hay tratamiento que retrase o detenga el progreso de la misma.

El Alzheimer, no es una enfermedad de la vejez, ni característica normal del envejecimiento, hay mayor factor de riesgo con el aumento de la edad, la mayoría de las personas con Alzheimer son mayores de 65 años, pero se han encontrado casos documentados de personas que a los 40 años, ya presentan síntomas de la enfermedad de inicio precoz, se encuentran factores de riesgo exógenos, ambientales, que parecen favorecer su desarrollo.

Es más angustiante la frecuencia de la enfermedad, si la persona presenta factores de riesgo vascular, como diabetes, hipertensión arterial, dislipidemia (presencia de elevación anormal de concentración de grasas en la sangre por colesterol y/o triglicéridos), si consume dietas ricas en grasas, si hay tabaquismo, etc., e intoxicación crónica leve por metales como el cobre. Se favorece el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, en las personas genéticamente predispuestas, además hay que considerar el envejecimiento natural de las personas, su calidad de vida, si hay antecedentes de traumatismo craneal o presenta signos de demencia.

¿Complicado, verdad?

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